Desde el día que vi Cinema Paradiso Giussepe Tornatore se convirtió en uno de mis directores favoritos, nadie como él sabe buscar en el corazón de los espectadores y usar la magia del cine como elemento para desarmarnos y hacernos vulnerables a sus historias. La leyenda del pianista en el océano es una película bellísima en su ejecución, nos plantea la vida de un niño que es abandonado cuando era un bebé y es bautizado con el nombre de Novecento, allí se hace hombre en un barco del que nunca se baja, en él se hace pianista, como tal conoce a un trompetista de la orquesta del barco llamado Max y que es su único nexo de unión con el mundo exterior y con el que entabla una fuerte amistad. En el barco su mundo es simétrico, le permite controlar absolutamente todos los aspectos de su vida, su mundo es finito, como las 88 teclas de su piano . El mundo fuera del barco hace que nuestro pianista tema no lo que ve, sino lo que no puede ver o lo que no puede controlar, si una cosa ha aprendido en el barco a través de las dos mil personas que van en cada viaje es que la condición del ser hum
ano es ambiciosa por naturaleza, sus deseos de poder, de dinero, de un mundo inagotable e infinito, entonces entiende que en este nuestro mundo no encontraría una música que pueda tocar, no podría amar, y se plantea que ante esta inmensidad ¿cómo podría elegir una casa, o una mujer con la que casarse o una calle por la que pasear? Este nuevo mundo para él sería un barco demasiado grande, una mujer demasiado hermosa, un viaje demasiado largo, en él su música sería imposible de tocar.
La música de Morricone (una vez más y van no sé cuántas), es magistral y nos elevará de nuestro asiento llevándonos a través de un viaje transoceánico en el que cada nota es un halago para nuestros sentidos Esta obra maestra de Tornatore tiene los ingredientes necesarios y en su justa medida para dejarnos huella cinematográfica, un guión especialmente meticuloso con los vocablos elegidos, una historia épica, el anteriormente mencionado Morricone con sus composiciones musicales absolutamente memorables, la conjunción de un casting en estado de gracia (Tim Roth y Pruitt Taylor Vince) y una fotografía espléndida.
En este contexto la temática principal de la película es la amistad y el rechazo del protagonista a aceptar la condición del ser humano en nuestros días, entre los dos personajes principales magníficamente interpretados por Tim Roth y Pruitt Taylor Vince, sin embargo esta amistad no es suficiente para hacer recapacitar al pianista de que abandone el barco y no muera en él.
Recomendable y la califico como de indispensable visionado.