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sábado, 11 de julio de 2009

Conciliación


Pues sí, de eso va la película. Pensaréis entonces que no puede ser de otra cosa que de la tan de moda conciliación entre la vida laboral y familiar. No exactamente.

Frank Wheeler (Leonardo DiCaprio) es un oficinista que trabaja en la misma empresa en la que lo hizo su padre, tiene un horario normal y cierta libertad para cogerse algún que otro rato libre. April Wheeler (Kate Winslet), frustrada aspirante a actriz de joven, es ama de casa y se ocupa de sus labores y de los dos hijos de la pareja. Viven en un barrio residencial de Connecticut, en una casita muy mona, y son la pareja más envidiada por el vecindario.

Así que no parece que tengan muchos problemas de conciliación, al menos entre lo laboral y lo familiar. Más bien su problema es para conciliar eso con la vida, sin apellidos. Se van haciendo mayores y la oportunidad de vivir otra cosa que no sea la rutina del trabajo, la aventura ocasional, el culito del niño o el amigo de todos los días se les escapa, no tanto por su edad, son jóvenes, sino porque los lazos, o mejor, las ataduras, son cada día más y más fuertes.

Evidentemente estos chicos tienen alguna tara mental, piensan que son especiales, de modo que no se conforman con tener una "vida" que no sea especial. Es posible incluso que piensen que todos somos especiales, ya ves qué tontería. El caso es que por ahí se desata el drama, por la lucha entre su voluntad de escapar, de vivir, y todo lo demás, incluso ellos mismos.

Sam Mendes vuelve a escarbar en los entresijos de la sociedad moderna, de la familia, como ya lo hizo en American Beauty, y el resultado es sobrecogedor.

Atentos al loco de la peli, el tipo más cuerdo que transita por Revolutionary Road. Atentos también al bocado en la yugular que supone la cinta para las asociaciones pro vida, o al menos a mí me lo parece.

Al final la sociedad se impone: mejor no pensarlo, mejor no escuchar, mejor olvidar... Títulos de crédito y vuelta a la rutina.
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