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jueves, 30 de diciembre de 2010

Los inicios en el cine de Josef Von Sternberg por Josef Von Sternberg

Josef Von Sternberg tiene una biografía muy especial, gran cineasta de fama reconocida y peculiar carácter, pero cómo todos los grandes cineastas, y los que no lo son, tuvieron un primer contacto con el mundo del cine.

Dejó su autobiografía plasmada en su libro Diversión en una lavandería china. El libro no tiene desperdicio, vale la pena. Es un reflejo de una época y de un personaje, muy culto, que desde la nada y desde una situación económica desesperada, luchó y creció, contribuyendo a hacer que el cine sea un poco mejor.

Del libro, podemos extraer el siguiente texto:


Una húmeda tarde de verano interrumpió mis propósitos. Había entrado en un parque sin importarme mi destino cuando una tormenta me llevó a refugiarme  bajo un puente de piedra. Dos chicas asustadas llegaron huyendo de la lluvia y una de ellas se desmayó cuando cayó un rayo en un árbol cercano. Fue como si ese rayo lo hubiera mandado alguien de la sección de cine de allende las nubes. Al terminar la tormenta llevé a las dos chicas hasta la casa cercana de un amigo suyo. Salió a recibirnos un chico como yo, hablamos y me ofreció visitar el sótano de la casa para mostrarme, orgulloso, un aparato que había construido su padre. Esa especie de bombo de madera ocupaba de pared a pared, giraba, chirriaba y crujía. Por dentro y por fuera tenía enrollada una cinta de celuloide en espiral con agujeros en los bordes. Para aumentar todavía más la confusión, también había cepillos giratorios, botellas boca abajo, abanicos para el secado y poleas que temblaban al funcionar. El joven me explicó que este mecanismo era para limpiar películas cinematográficas y recubrirlas de una sustancia elástica protectora.

Entonces –y esto no ha cambiado tanto- la película se mostraba en pantalla de plata borrosa por la suciedad, las rayas y las manchas de aceite que la cubrían . Yo había visto algunas películas sin poder evitar el sentimiento de decepción y de desconfianza por lo que ocurría en ellas. De todas formas me impresionaba un actor que siempre tiraba a alguien de un acantilado. Moría al final entre un torrente de arena y piedras para quedar enterrado totalmente después de que durante su actuación se hubiera retorcido su mano unas cuantas veces. Ver algo así costaba entre cinco y diez centavos y suponía permanecer en un lugar caliente unas horas, escuchando también música de piano. El precio incluía las manchas de aceite y rayas de la proyección. Otras cintas eran coloreadas a mano o viradas en color sepia o azul. Además no era cuestión de estar caminando todo el día.

Después de conocer al padre de ese chico pasé horas y horas con él en aquel sótano viendo como mezclaba productos químicos. Usaba para ello una fórmula que esperaba que le enriqueciera ........

Si podéis, haceros con el libro (ahora mismo está editado por Ediciones JC).
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miércoles, 6 de octubre de 2010

El montaje, por Josef Von Sternberg


Os dejo unas lineas que sobre el controvertido tema del montaje nos cuenta, con su particular estilo, Josef Von Sternberg .
 

El párrafo me pareció interesante, es otro punto de vista sobre el montaje, está extraido del libro “Josef Von Sternberg. Diversión en una lavandería china”. (Memorias).


Un personaje Josef Von Sternberg. Un verdadero amante del cine que lo vivió con verdadera intensidad y pasión. Pasión que no se quedaba en el plató y que contribuyó a dar forma al carácter que le hizo famoso.

    Cuando el actor ha terminado su actuación el producto no está todavía acabado. El trabajo se completa con la ayuda de unas tijeras, que suelen entrar en acción con el estudio en penumbra y manejadas por alguien que solo tiene una sutil idea (cuando la tiene) de la intención original y puede cortar la frase más importante, o acabar con la expresión a la que el autor da más énfasis. Pocos realizadores disfrutan del honor de presenciar esta importante operación, que ha sido arrebatada por la parte no creadora de la profesión. El montador, a veces un experto, que domina la mecánica de la que es especialista, es capaz de hacer hablar rápido a un tartaja o de que una persona se mueva a una velocidad por encima de lo normal. Puede alterar el proceso y cambiar  el tiempo y ritmo de toda la película o de un simple actor. Puede guardar piezas de la persona del actor cuando ya no actúa, por ejemplo, de cuando está pensando en la hora de comer, y eliminar con un corte de tijera aquellos fragmentos donde el actor estaba mejor.

    Puede retener cortes y hacer que manos y piernas parezcan piezas de grasa de ballena (aunque las deformaciones físicas no sean tan absurdas como las mentales), y puede hacer pensar a la actriz más desmemoriada del mundo, reteniendo partes de su físico que había tratado de esconder cautelosamente.


Eso no quita que presumiera de tener el control sobre sus películas. Tuvieron que ser interesantes los encuentros entre los montadores y el realizador.
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