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miércoles, 7 de diciembre de 2011

"Dreams of a Rarebit Fiend", Pesadillas de Winsor McCay

Winsor McCay nació para dibujar. Aunque su padre quiso que se dedicara a los negocios, el joven Winsor se negó. Tras trabajar haciendo caricaturas en un dime museum de Detroit, se trasladó a Chicago, donde diseñó carteles y programas para la National Printing and Engraving Company. Trabajó también para el dime museum de Cincinatti. Allí comenzó a a colaborar en diversos periódicos locales encargándose de las ilustraciones. Entre 1899 y 1903 también puso su arte a disposición del semanario humorístico Life.

Su primera tira de prensa, "Tales of the Jungle Imps of Felix Fiddle", se publicó entre enero y noviembre de 1903 en el Cincinnati Enquirer. Este trabajo hizo que James Gordon Bennett se fijara en él y le ofreciera ir a Nueva York para colaborar en el New York Herald y el Evening Telegram. Para estas publicaciones creó algunos títulos memorables, como "Little Sammy Sneeze", "Little Nemo in Slumberland" (ambos aparecieron en el New York Herald) o el que nos ocupa, "Dreams of a Rarebit Fiend", que se publicó en el Evening Telegram entre el 10 de septiembre de 1904 y el 25 de junio de 1911, firmado con el seudónimo Silas. La carrera de McCay continuó de forma fructífera, desarrollando en paralelo su faceta como historietista y como cineasta.

Tanto "Little Nemo" (que en 1911,  renombrado "In the Land of Wonderful Dreams", pasó al New York American y otros periódicos de William Randolph Hearst) como "Dreams of a Rarebit Fiend" se basan en el mundo de los sueños. El primero, más infantil, se centra en lo bonito y placentero del mundo onírico. El segundo, dirigido al público adulto, en el mundo de las pesadillas y los sueños incómodos.

De "Dreams of a Rarebit Fiend", cuya traducción literal sería "Sueños de un entusiasta del Rarebit", se puede encontrar una selección de aventuras editada por Laertes Cómic bajo el título "Pesadillas de Cenas Indigestas". Winsor McCay describe las pesadillas que se pueden sufrir si uno se acuesta después de haber cenado Welsh Rarebit en grandes cantidades. Aborda los temores de la clase media urbana, recurriendo y refiriéndose en algunas historias a acontecimientos sociales y políticos de la época, desde un punto de vista ácido, irónico y en ocasiones crítico. Altamente recomendables. Algunas, obviamente, han quedado un poco anticuadas, pero todas tienen un valor incuestionable y muchas son verdaderas joyas.

En 1906, Edwin S. Porter realizó una primera adaptación cinematográfica, de seis minutos de duración.


En 1921, el propio Winsor McCay, pionero en esto del cine y la animación, hizo tres películas de animación basadas en sus "Pesadillas": 'Dreams of the Rarebit Fiend: The Pet', 'Dreams of the Rarebit Fiend: The Flying House' y 'Dreams of the Rarebit Fiend: Bug Vaudeville'.



A lo mejor alguno se pregunta qué es eso de Welsh Rarebit. Pues bien, básicamente es una comida considerada "de taberna" que consiste en una tostada de pan con una mezcla de queso, cerveza y otros ingredientes horneada. Os dejamos un par de recetas para que los "cocinillas" os lancéis a por el delantal:

INGREDIENTES

6 rebanadas gruesas pan, 400 gr. queso cheddar rallado, 60 gr. mantequilla, 2 huevos, 3 dl. cerveza, 2 cucharas de café de Mostaza, 1/2 cuchara de café de paprika, sal y pimienta


PREPARACIÓN

Poner las rebanadas de pan en una bandeja de horno. Batir los huevos. Fundir la mantequilla y verter 20 cl. de cerveza, añadir el queso rallado y obtener una pasta homogénea. Añadir los huevos y salpimentar. Cocer 2' y retirar del fuego. Agregar dos cucharadas de mostaza, paprika y la cerveza restante. Incorporar al preparado de queso. Repartirlo sobre las rebanadas de pan e introducir 2' en el horno bajo el grill.

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INGREDIENTES

4 rebanadas de pan de molde grueso sin corteza 125 grs de queso cheddar rallado grueso 1 cucharadita de mostaza 1 huevo poco batido 1 pizca de pimienta blanca 2 cucharadas de cerveza mantequilla a temperatura ambiente

PREPARACIÓN

Precalentar el horno a 200ºC. Mezclar el queso con la mostaza y la pimienta. Agregar el huevo y la cerveza. Dejar reposar un rato. Untar cada tostada con mantequilla y cubrir con el preparado de queso. Llevar al horno y dejarlas hasta que el queso esté dorado. Listas para comer.

¡¡¡Buen provecho!!!

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miércoles, 2 de marzo de 2011

Cine para Degustar: 'Comer, beber, amar'

Volvemos a meternos en la cocina. Esta vez viajamos hacia Oriente para adentrarnos en los placeres de la gastronomía china.

'Comer, beber, amar (Yin shi nan nu)', dirigida en 1994, es el tercer largometraje de Ang Lee. Tuvo un gran éxito tanto por parte del público como por parte de la crítica a nivel nacional e internacional. Además, recibió varios premios y nominaciones. Todo ello, sumado al éxito que cosecharon también sus anteriores películas, contribuyó a que se le abrieran las puertas de la industria americana.

La traducción literal del título original sería "Comer, beber, hombre, mujer" y hace alusión a algunos aspectos fundamentales que nos nutren, como son la comida, la bebida y el amor, las relaciones interpersonales.

Es su primera película rodada en Taiwan, ya que sus dos primeros filmes (que trataban de personajes chinos afincados en América), aunque son de producción taiwanesa, se filmaron en EE.UU.

'Comer, beber, amar' nos presenta al maestro cocinero Chu (Sihung Lung), viudo y al borde de la jubilación y a sus tres hijas. Él es un hombre parco en palabras, poco dado a expresar sus sentimientos que ve cómo sus hijas van crecido y se van alejando cada vez más de él. Pero hay algo que no perdona: los domingos reúne a toda la familia a la hora de la cena para disfrutar de los manjares que él mismo prepara.

La hija menor, Ning (Yu-Wen Wang), es una alegre joven que trabaja en un restaurante de comida rápida. Una muchacha a la que los demás siguen viendo como una niña pero que ya no lo es.

Chien (Chien-lien Wu) es una ejecutiva de éxito en una compañía aérea, empresa donde está muy bien valorada. Su mayor sueño es independizarse de su familia. Rehuye los compromisos amorosos para centrarse en su carrera. Pero una serie de acontecimientos y descubrimientos harán que se replantee muchas cosas.

La hija mayor, Jen (Kuei-Mei Yang), es profesora. Tras sufrir un desengaño amoroso hace años, se cierra al amor y se aferra a la religión, convirtiéndose al cristianismo. Pero hay cosas que no se pueden frenar.

También son importantes en la trama las vecinas: Rong, una joven separada amiga de sus hijas, su hija pequeña y su madre, que acaba de regresar de EE.UU.

Otro personaje secundario pero fundamental es Wen, antiguo compañero de fogones de Chu y amigo desde hace muchos años de la familia.

A lo largo del metraje todos los personajes van a sufrir cambios importantes en sus vidas. Se nos muestra cómo, de un día para otro, todo puede variar. Cómo la vida transcurre forzando a tomar decisiones. También habla de la necesidad de comunicación, de la ocultación de sentimientos, del autoengaño y las mentiras hacia los demás para protegernos y protegerlos...
Y continuamente se nos muestran los choques entre lo tradicional y la modernidad que amenaza los valores y costumbres ancestrales.

Ang Lee plantea una película agridulce, donde los momentos dramáticos están salpicados de toques más ligeros, de un sutil humor.

Para la parte gastronómica, fundamental en la película, el director no dejó nada al azar. Contó con la ayuda de tres chefs de reconocido prestigio para elaborar los platos que aparecen, así como con numerosos especialistas en comida.

En pantalla aparecen unas cien recetas diferentes. Todas y cada una de ellas fueron preparadas realmente con todo el mimo. Incluso las que solo se ven unos segundos. Para asegurar la autenticidad de las recetas que se ven en el filme, se pidió al consultor experto en comida Lin Huei-Yi que hiciera una selección de recetas. Además, éste entrenó a los actores en la elaboración de los platos que sus personajes tenían que preparar ante la cámara. Se diseñó una coreografía especial para imitar los movimientos de los cocineros tradicionales.

En suma, 'Comer, beber, amar' hace un análisis lleno de sentimiento de las relaciones humanas desde la sencillez. Vemos confrontaciones y sentimientos que son universales. Un magnífico festín visual que alimenta sólo con verlo.

Se hizo un remake norteamericano en 2001: 'Tortilla soup', de Maria Ripoll. No os puedo decir si este remake merece la pena o no porque no lo he visto.

PATO LACADO A LA PEKINESA

Por petición de un amigo que quería saber cómo se hace el pato ese que sale el señor Chu inflando en la película, aquí os dejo una versión de la receta extraída de aquí, aunque aviso que es laboriosa.

INGREDIENTES PARA 4 PERSONAS

1 pato de unos 2 kg., desviscerado
1 Cebolla
2 trozos pequeños de jengibre
1 cucharada de sal
1 cucharilla de las cinco especias
1 cucharilla de vino de Arroz o jerez seco

Para escaldar el pato:
10 tazas de Agua
3 cucharadas de sal

Para lacarlo:
1 cucharada de salsa de soja
2 cucharadas de Miel

Para la mesa:
 4 cucharadas de salsa hoi-sin
Pinceles de cebolla
Bastoncillos de 3 centímetros de Pepino
Crepés mandarines (no sé si se venden preparados)

ELABORACIÓN

1- Lavar bien el pato por dentro y fuera. Tratar de mantenerlo armado con un palito por dentro del pato. Ahora con un canuto muy pequeño, lo metéis entre la piel y la carne y sopláis, para tratar de despegar la piel de la carne y así luego la presentación de la piel será más fácil.

2- Una vez limpio el pato, secarlo bien por dentro y fuera, frotar el exterior e interior con la mezcla de la cebolla, jengibre, cucharada de sal, las cinco especies y el vino. Una vez bien frotado, sacudir las partículas adheridas a la piel, recoger todo, meterlo en el interior, cerrar las aberturas con unos palillos.

3- Poner a hervir el agua y las 3 cucharadas de sal, una vez hirviendo, escaldar el pato, darle unas vueltas y rociar la parte no sumergida con el agua hirviendo. Tirar el agua y pintar el pato, con la miel disuelta en la salsa soja, pero no en exceso.

4- Colgar el pato por el cuello en un lugar bien ventilado, con algo de corriente, hasta que el pato este seco, a las doce horas, se vuelve a pintar, lo ideal es que nos absorbiera todo el liquido del lacado. Al final tocarlo para comprobar que esta seco. La piel no tiene que estar húmeda, si lo asásemos estando la piel húmeda, ésta después de asada nos quedaría arrugada. Si toda la piel esta seca, la piel estará una vez asada firme y brillante y ya si lo tenemos las 24 horas de rigor, la piel estará crujiente una vez asado el pato.

5- Precalentar el horno a 200ºC. Poner agua en una rustidera, en la parte baja del horno y poner el pato en una rejilla en la mitad del horno. Todo el goteo del pato durante el asado deberá caer dentro de la rustidera para que no nos haga humo al quemarse esta grasa si cae en otro lugar y nos perturbe para obtener un buen asado. Asarlo por 20 minutos, cambiándolo de posición. Antes de reducir la temperatura del horno, el pato deberá tener ya color marrón dorado. Bajar el horno a 150ºC y asarlo por 60 minutos. Volver a subir la temperatura a 190ºC. Se tiene hasta que la piel esté durita y crujiente. En esta última fase se quita la rustidera. Sacar del horno y cortar la piel en pequeñas porciones, dejando la piel en su lugar a ser posible.

Por cierto, si alguien se atreve con el pato estaremos encantados si nos envía una foto inflándolo.



Esta vez vamos a dar una alternativa dado el engorro de la receta propuesta. Si no os queréis complicar la vida, podéis animaros con la siguiente receta (extraída de aquí):

POLLO AL VAPOR CON HONGOS NEGROS

INGREDIENTES

3 muslos de pollo
6 hongos secos negros
2 cucharaditas de salsa de soja
½ cucharadita de vino de arroz
1 cucharadita de Maicena
1 cucharadita de agua
2 cucharaditas de cebollino picado

ELABORACIÓN

1- Quitar la piel de los muslos de pollo y cortarlos por la mitad.

2- Remojar en agua las setas hasta que estén blandas, descartar los tallos y cortar la parte superior a la mitad.

3- Mezclar el pollo, las setas, la maicena y los condimentos en un tazón grande.

4- Marinar durante ½ hora.

5- Cocinar los alimentos al vapor a fuego alto durante 20 minutos.

6- Apagar el fuego y espolvorear con el cebollino.

8- Y listo para degustar.


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lunes, 3 de enero de 2011

Cine para Degustar: 'El Festín de Babette'

Ahora que ya ha entrado el frío de lleno y muchos días da pereza salir de casa, retomamos una idea de hace unos meses que por imponderables quedó parada.

Pues sí, amigos. Os proponemos calentaros al lado de los fogones elaborando una receta que salga en una película para luego degustar vuestro guiso viendo dicho filme... O antes de la peli... O después... O sin película... En fin, que eso queda a vuestra elección.

Esta vez hemos elegido una preciosa película del danés Gabriel Axel: 'El Festín de Babette' ('Babettes gæstebud'); película de 1987 que obtuvo el Oscar como Mejor Película Extranjera.


El guión, elaborado por el propio Gabriel Axel, es una estupenda adaptación de un cuento de Isak Dinesen (Karen Blixen). Aunque el relato se desarrolla en Noruega, Axel traslada la acción a la costa de Jutlandia, en Dinamarca. Pero pocas variaciones más hay, ya que la película se mantiene fiel a los puntos esenciales del texto de la escritora.

La trama es sencilla. Estamos en el siglo XIX. En una pequeña comunidad viven dos hermosas hermanas, Martine y Philippa (interpretadas por Birgitte Federspiel y Bodil Kjer), hijas de un pastor de una pequeña iglesia protestante. Desde pequeñas han sido educadas de forma completamente austera, renunciando desde siempre a todos los excesos y a todo tipo de placer terrenal. Aunque ambas tienen pretendientes y la posibilidad de abandonar ese tipo de vida, deciden seguir junto a su padre para servirle a él y a la comunidad. Tras la muerte de su padre, continúan su obra.

Han pasado los años y, ya mayores, su tranquila vida se ve alterada por un inesperado acontecimiento: huyendo de la Comuna de París llega Babette (Stéphane Audran) con una carta firmada por Achille Papin, antiguo pretendiente de Philippa. Las hermanas la acogen como cocinera a pesar de que sospechan que es una communard y, tras las dudas iniciales, encuentran en ella a una ayudante perfecta.

Pero un buen día Babette recibe una inesperada noticia: el número de lotería que sigue jugando en París por mediación de un amigo ha salido premiado.
Ahora que tiene dinero, Babette decide hacerse cargo de la cena del centenario del nacimiento del padre de las ancianas. Con ello pretende agradecer la bondad de las gentes que la han acogido y hacer que las rencillas que han ido aflorando entre los vecinos tras la muerte del Pastor, se disuelvan.
Los vecinos ven esta cena como algo pecaminoso, por lo que pactan no decir nada ni dar la más mínima muestra de disfrute. Pero los deliciosos manjares parece tener efectos mágicos sobre los comensales.

La película se puede dividir en dos partes. La primera comprende la puesta en situación: la presentación de las ancianas y su juventud y el cómo y el porqué de la llegada de Babette. La segunda abarca la preparación y el disfrute de la cena.

Con un planteamiento modesto y sencillo, 'El Festín de Babette' constituye una conmovedora reflexión sobre la fe, el amor, la amistad, las oportunidades perdidas, las emociones olvidadas, los sentimientos que retornan y sobre el arte.

Es una película de gestos, de detalles. Repleta de actuaciones contenidas y de miradas que dicen más que mil palabras. Hay que destacar el excelente trabajo de los actores, tanto los principales como los secundarios. Asimismo, cabe señalar la magnífica fotografía de Henning Kristiansen.

La receta que he escogido es una de las que salen tanto en el relato como en la película, ya que en este caso en el filme se ven más platos de los que se nombran en el texto de Isak Dinesen.
Se trata de los 'Blinis Demidoff'. Son una especie de pancakes cubiertos con nata y caviar. Ya, ya, ya lo sé. Que estamos en crisis. Pero no hay excusa, ya que el caviar lo podemos sustituir por algún sucedáneo, huevas de lumpo o similar, y lo podemos encontrar en muchos supermercados a un precio asequible.
Y si no, podéis cubrir las tortitas con lo que queráis. ya no serán Blinis Demidoff, pero seguro que también está bueno.
Los blinis se suelen hacer más gruesos que los crepes, pero eso ya lo graduáis vosotros a vuestro gusto.

Pues nada, coged el delantal y el gorro, que empezamos a cocinar. Ánimo, que es más fácil de lo que puede parecer.

BLINIS DEMIDOFF



INGREDIENTES PARA 4 PERSONAS

1/2 cucharada de levadura en polvo
150 gramos de harina
1/4 taza de nata montada
2 claras de huevo
1 taza de nata líquida
1 taza de leche
2 yemas de huevo
sal al gusto
1 cucharada de mantequilla
50 gramos de caviar

ELABORACIÓN

1- Disolver la levadura en la leche templada y mezclar con la mitad de la harina, formando una masa suave.
2- Tapar con un paño y dejar reposar unas 2 horas para que la masa crezca.
3- Mezclar las yemas con la nata montada y la harina restante y sal.
4- Juntar las 2 masas y agregarles las claras montadas a punto de nieve.
5- Cubrir la masa obtenida y dejar reposar 40 minutos más.
6- Para hacer los blinis, utilizar una sartén amplia antiadherente, engrasar el fondo y hacerlos de 1 en 1. Mantener calientes colocándolos en una bandeja de horno precalentada.
7- Para servirlos, poner 3 o 4 blinis en cada plato y cubrirlos con el caviar y la nata. (Si es posible, la nata adecuada es la agria).

(La receta está extraída de aquí.)

Y ahora sólo queda disfrutar... ¡Que aproveche!

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jueves, 1 de julio de 2010

Cine para Degustar: 'Mi cena con André'

¡Cuántas veces habremos disfrutado viendo alguna película en la que la comida juega un papel esencial!

Pues bien, os propongo ir un paso más allá y sumergirnos de lleno en algunos de estos filmes. ¿Cómo? Elaborando algunas recetas que salen, se nombran o son esenciales en algunas de estas películas; para luego disfrutar de estos platos antes, durante o después de degustar la película. Sólo, con tu pareja, con los amigos, con la familia… Cada cual que decida.

Haré un pequeño comentario sobre cada película y después pondré la receta seleccionada relacionada con ésta. No os preocupéis que sólo haré este tipo de entrada de vez en cuando, que no quiero ser yo culpable de que se estropee vuestra figura.

Para empezar, he elegido una curiosa película dirigida por Louis Malle: ‘Mi cena con André’ (‘My dinner with André’). Fue rodada en 1981 en Estados Unidos, obteniendo excelentes críticas en dicho país. De hecho, la Asociación de Críticos de Boston la eligió como Mejor Película del Año, además de conceder a sus autores el premio al Mejor Guión.

Digo curiosa esencialmente por el planteamiento. Malle nos mete de lleno en medio de una cena en la que los comensales son dos antiguos amigos. Y asistimos a su conversación. Y no hay más. No hay “acción”. No hay alardes interpretativos, tampoco alardes técnicos. La cámara presta atención a sus gestos, a su forma de expresarse, tanto al hablar como al escuchar. Y tú, mientras, estás frente a la pantalla “espiando”, porque hay momentos en que parece que no tendrías que estar ahí, en que parece que te estás entrometiendo en una conversación privada.

Wallace Shawn y André Gregory, autores también del guión, interpretan a los dos personajes protagonistas. Y, no por casualidad, mantienen su nombre en la película. Aunque hay controversia sobre si se interpretan a sí mismos o están representando un papel, el mero hecho de llamarse igual ya nos indica que los papeles tienen mucho (si no todo) de autobiográfico. Se dice que el guión les llevó tres años y que la primera versión duraba seis horas. Se rodó en un hotel abandonado de Virginia.

Al comienzo de la película, a modo de prólogo, acompañamos a Shawn hasta el restaurante. A través de sus pensamientos vamos conociendo un poco su situación personal, de qué conoce a André (a quien lleva años evitando), sus dudas sobre la cita a la que se dirige…

Una vez llega al restaurante y se encuentra con André Gregory, se sientan y comienza la parte fuerte de la película, la conversación pura y dura sólo interrumpida por algunas apariciones de los camareros, que están a su trabajo y no se involucran en la charla.

Shawn decide centrarse en preguntar pero, aunque el peso lo lleva sobre todo André, poco a poco se va implicando cada vez más en la conversación. Y hablan, hablan de multitud de temas: del arte, del teatro, de la interpretación, del proceso creativo, de la vida, de la muerte, de la humanidad, etc.

Nos enfrentamos a dos personajes totalmente diferentes. André Gregory representa a un intelectual que busca la esencia de la felicidad, un personaje muy preocupado por lo espiritual y lo etéreo. En cambio Wallace Shawn es un ciudadano medio al que lo que más le preocupa es poder pagar sus facturas y poder disfrutar de los pequeños placeres de la vida. Cada espectador se identificará más con uno u otro según su propia forma de ver la vida; o con los dos; o con ninguno.

A modo de epílogo, al acabar la cena, tras los postres, volvemos a acompañar un rato a Shawn en su regreso a su casa, a su vida.

Y todo es así de simple y de complejo al mismo tiempo. Una película sencilla y a la vez difícil. Una pequeña delicia en la obra de Louis Malle.

Te recomiendo ‘Mi cena con André’ si te gusta escuchar a los demás y si te gusta pensar. Olvídate de ella si no cumples estos requisitos y si lo que buscas en una película es “que pasen cosas”.

La receta que os propongo para disfrutar con esta película, es una que nombran al leer la carta. Ellos la llaman Teppy Ofase, o algo así. Pero para entendernos, se trata de una Terrina de Salmón. La versión que os traigo (hay multitud de variantes) es la que viene en movierecipes. Tened en cuenta que se debe preparar el día anterior. Y ahora, manos a la obra:

TERRINA DE SALMÓN

Ingredientes:

20 g de mantequilla derretida
200 g de filete de salmón cortado en trozos
4 huevos
1 taza de leche entera
Una pizca de especias mixtas
1 cucharada de brandy
Una pizca de Tabasco
2 cucharaditas de estragón fresco picado
Media cucharadita de sal
Un cuarto de cucharadita de pimienta blanca recién molida

Para la salsa de estragón:

200 ml de nata para cocinar refrigerada
Una pizca de sal
1 cucharadita de zumo de limón
1 cucharadita de estragón fresco picado

Elaboración:

1. Precalienta el horno a 160 ° C. Engrasa cuidadosamente con la mantequilla derretida un molde para horno de unos 750 ml de capacidad. El molde debe ser de paredes un poco altas.

2. Coloca el salmón en una picadora (puedes usar el elemento apropiado de tu batidora) con los huevos, la leche, la mezcla de especias, el brandy, el tabasco y el estragón picado. El caso es que quede bien mezclado. A continuación, sazona con la sal y la pimienta.

3. Vierte la mezcla en el molde, cúbrelo con papel de aluminio untado con mantequilla. Coloca el molde preparado sobre un plato o bandeja especial para horno. Vierte agua hirviendo suficiente en el plato de forma que llegue a cubrir media altura del molde. Al baño María, vamos. Lo del agua hirviendo o al menos bastante caliente creo que es para que esté ya en temperatura al meterla al horno y no tenga que calentarse desde cero (aunque tampoco me hagáis demasiado caso).

4. Hornear durante 40-50 minutos hasta que cuaje. Para probar si está listo, inserta la punta de un cuchillo. Éste debe salir limpio. Déjalo enfriar en el molde. Luego refrigera toda la noche.

5. Retira la terrina de la nevera 30 minutos antes de servir para que no esté demasiado fría. Justo antes de servir, prepara la salsa. Añade una pizca de sal a la nata y bate hasta que espese. Mézclalo con el zumo de limón y el estragón.

6. Con cuidado, pasa la hoja de un cuchillo por los bordes del molde. Vuelca la terrina en un plato largo, así saldrá limpiamente (esperemos). Puedes servirlo en la misma bandeja o cortarlo en porciones y presentarlo en platos individuales. Coloca una cucharadita de salsa sobre cada rebanada y el resto de la salsa en una salsera aparte. Servir con hojas de ensalada y decorar con las ramitas de estragón. Y si lo acompañáis con unos crackers o unas tostitas ya os queda de diez.


Sólo añadir que si os sale bien, la próxima vez nos invitéis a probarlo: ¡¡¡Buen provecho!!!
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