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miércoles, 6 de febrero de 2013

CINEFÓRUM DE SOBREMESA (porque el cine nos alimenta...)
Hoy: Matar a un ruiseñor, (Robert Mulligan, 1962)

Hay películas que la primera vez que las ves te llegan muy dentro y sabes que no las vas a olvidar y que vas a volver a ellas de vez en cuando. Películas imperecederas con personajes inolvidables cuyas imágenes se quedan grabadas a fuego en tu memoria. Para mí, uno de esos filmes es 'Matar a un ruiseñor (To kill a mockingbird)'.

Basada en la novela de Harper Lee, tanto libro como película ponen de manifiesto unos EE.UU. nada idílicos. Más bien al contrario. Nos muestran una sociedad depauperada e ignorante, tremendamente injusta, que desprecia y oprime a quien perciben como diferente, sea tanto por el color de su piel como porque tengan alguna característica física o mental que ellos consideran alejada de la normalidad. La obra, por medio de los recuerdos de su protagonista, nos lleva a principios de los años 30, en plena depresión económica, época en la que las reivindicaciones de la comunidad negra difícilmente salían a la luz y los esbozos que aparecían se intentaban borrar rápidamente por aquellos que sin razón se creían superiores.

'Matar a un ruiseñor' es una historia sobre la infancia, sobre el despertar a la vida, sobre el aprendizaje y la maduración. Un relato acerca del descubrimiento del mundo que nos rodea, de los otros, con todos sus claroscuros. Y es, además, un canto a la igualdad de todas las personas; a una igualdad efectiva y real tanto en nuestra convivencia diaria como respecto a nuestros derechos y ante la justicia. Es asimismo un alegato contra la estigmatización.

Situándonos en el contexto de su publicación y estreno, no hay que dejar pasar la valentía de texto y película. Estamos a principios de los años 60, época de gran conflictividad racial en EE.UU. 'Matar a un ruiseñor' es una de las más potentes reivindicaciones de la igualdad que salieron de Hollywood. En esta época, la lucha de los afroamericanos en EE.UU. contra las leyes segregacionistas, en defensa de sus derechos, estaba en un punto álgido. Cada cual a su manera y con sus reclamaciones, podemos nombrar a título de ejemplo la NAACP (National Association for the Advancement of Coloured People's), Richard Wright, Nina Simone, Joséphine Baker, Thurgood Marshall, Martin Luther King, Malcolm X...


Harper Lee publicó "Matar a un ruiseñor", la que sería su única novela, en 1960. Fue un bombazo reconocido con el premio Pulitzer. Para su obra, Lee se inspiró en su propia infancia. Su padre, Amasa Lee, sirvió de modelo para el personaje de Atticus Finch. Amasa, al igual que el personaje, fue abogado y había defendido en en 1919 defendió a dos hombres negros acusados de asesinato. Tras su condena nunca más asumió ningún caso relacionado con un crimen.

El padre de Lee era también director y editor del periódico de Monroeville. Para la creación del caso y del personaje de Tom Robinson se habla de varias posibles influencias. Una de ellas la habría conocido la escritora a los diez años, cuando una mujer blanca de cerca de Monroeville acusó a Walter Lett, un hombre negro, de haberla violado. La historia y el juicio fueron cubiertos por el periódico del padre de Lee y el hombre fue condenado a muerte. Tras la aparición de varias cartas asegurando que Lett había sido falsamente acusado, su sentencia fue conmutada por cadena perpetua.

El personaje de la niña, "Scout" y de su amigo "Dill" Harry están inspirados en ella misma y su buen amigo Truman Capote y en las vivencias que compartieron en Monroeville (Alabama). El personaje del misterioso "Boo" Radley se basa en sus recuerdos de un tal Alfred "Son" Bouleware, que vivía con sus padres, recluido a causa de un incidente de vandalismo en el que había estado involucrado, en una casa ruinosa con las ventanas tapiadas a escasos metros del hogar de la familia Lee. Por otro lado, Maycomb, el lugar ficticio donde se desarrolla la novela, es un trasunto de Monroeville.

Aunque Universal Pictures no se mostró interesada al principio en adaptar la novela, Alan J. Pakula supo ver las posibilidades que encerraba el texto y convenció a Robert Mulligan (que también la co-produjo) para que se encargara de la dirección, convirtiéndose en la segunda colaboración del combo Pakula-Mulligan tras 'El precio del éxito (Fear strikes out, 1957)'. Y así, se puso en marcha el proyecto. El rodaje se llevó a cabo entre febrero y mayo de 1962.


De la guionización de la novela se encargó Horton Foote, quien de primeras no se mostró demasiado entusiasmado, ya que veía difícil hacer justicia al texto original. Obtuvo el Oscar a Mejor guión adaptado. Mención aparte merece la banda sonora compuesta por Elmer Bernstein, que crea con sus melodías la atmósfera perfecta para la maravillosa fotografía en blanco y negro concebida por Russell Harlan.

En la fase de preproducción, Pakula y Mulligan fueron a Monroeville con la intención buscar localizaciones. Pero se dieron cuenta de que la zona había cambiado mucho desde los años 30, momento en que se desarrolla la acción, así que se decidió construir en los estudios de la Universal los decorados precisos. El equipo de dirección artística y decorados dispuso de 225.000 dólares para crear Maycomb. La reconstrucción fue tan espectacular que dejó fascinada a Harper Lee. El trabajo tuvo su recompensa en forma de estatuilla, ya que recibieron el Oscar a Mejor dirección artística y escenografía en blanco y negro.

Para encarnar a Atticus Finch se pensó en un principio en Rock Hudson. También estuvo en la mente de la Universal James Stewart, que lo rechazó por considerar el guión "demasiado liberal" y por temor a que la película creara demasiada controversia. Gregory Peck leyó la novela tras recibir la propuesta, e inmediatamente confirmó que haría el papel. Para prepararlo, entabló amistad con el ya octogenario Amasa Lee, (como vimos arriba, el padre de Harper Lee), quien murió antes de empezar el rodaje de la película. Sin duda, este papel se convirtió en una de las más grandes interpretaciones de Peck, que construyó un personaje inmortal. La interpretación de Atticus, ese hombre capaz de enfrentarse a todos por luchar contra la injusticia social y el racismo imperante en la sociedad, tanto puertas adentro como puertas afuera del tribunal, hizo que el actor (en la que era su quinta nominación) consiguiera por fin el Oscar como Mejor actor de película dramática. También se hizo con el Globo de Oro. Y en Italia se llevó el David de Donatello al Mejor actor extranjero.


Mary Badham (nominada al Oscar), Philip Alford y John Megna interpretan a la niña "Scout" Finch, a su hermano "Jem" Finch y a su compañero de juegos "Dill" Harry.  Megna es el único de los tres que ya había representado algún papel en televisión. Pero aunque para los tres supusiera su primer rol en la gran pantalla, se desenvuelven a las mil maravillas y nos ofrecen unas actuaciones de quitarse el sombrero.

'Matar a un ruiseñor' también fue el filme con el que debutó Robert Duvall, que ya tenía 31 años, interpretando a Arthur "Boo" Radley. Lo recomendó Horton Foote, que le había conocido unos años antes. Duvall, para preparar su personaje, pasó seis semanas encerrado en su casa, alejado de la luz solar y se tiñó el pelo de un rubio casi blanco.

El papel de Tom Robinson, la persona injustamente acusada, lo interpreta Brock Peters, que estaba dando sus primeros pasos en el cine. Se había dado a conocer con 'Carmen Jones' y 'Porgy and Bess' de Otto Preminger.


El estreno  tuvo lugar el 25 de diciembre de 1962 en Los Angeles. Participó en la XVII Edición del Festival de Cannes en mayo de 1963, donde Mulligan ganó el Premio Especial Gary Cooper.

'Matar a un ruiseñor' no se llevó el Oscar a Mejor película, que recayó en 'Lawrence de Arabia', de David Lean. Podéis consultar los múltiples premios y nominaciones que recibió 'Matar a un ruiseñor' aquí.

Aparte de los enlaces que hay esparcidos por la entrada, os dejo por si a alguien pudiera interesarle, unas referencias bibliográficas:

- Urra, J., Compadre, A. y Romero, C., "Jauría humana: Cine y psicología",  Ediciones Gedisa, 2004.
- Barroso, M.A., "Las cien mejores películas del siglo XX", Ediciones jaguar, 2010.
- "Nosferatu (Revista de cine nº 32)", Especial Cine y derecho, 2000.



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miércoles, 28 de noviembre de 2012

CINEFÓRUM DE SOBREMESA (porque el cine nos alimenta...)
Hoy: La vivienda en el Cine Español, (Años 50-60)


Antes de nada, queremos dedicar esta entrada a todas las personas que simplemente querían tener un hogar y se han visto atrapadas en esta maraña del mercado inmobiliario, a las víctimas de esta estafa, a quienes están en proceso de desahucio, a quienes sufren cada mes por poder pagar el alquiler o la hipoteca, a quienes luchan y ayudan a paralizar desahucios y a que nadie se quede sin un sitio donde dormir, a quienes han perdido la vida arrastradas por la situación...

Pasa el tiempo, pero hay problemas que de un modo u otro, con sus peculiaridades en cada momento concreto, siguen presentes.

El asunto se torna grave cuando estos problemas atañen a derechos tan básicos como tener un techo, un lugar asequible donde poder vivir con unas condiciones mínimas.

Y es que el tema es espeluznante en el momento en que se prima la rentabilidad, los beneficios económicos y los intereses de unos pocos sobre las personas; cuando las leyes se tuercen hacia el lado contrario de donde están quienes menos tienen; cuando un sistema deshumanizado se olvida de que hay cosas con las que no se debería jugar.

Han pasado muchos años desde que se rodaron las películas de las que vamos a hablar en esta entrada. Muchas cosas han cambiado en este país desde entonces. Otras, lamentablemente, no tanto como cabría esperar.

Como veréis, somos breves en el comentario de cada película. Si os apetece, luego vamos desarrollando diversos aspectos en los comentarios.

Vamos a empezar este recorrido con 'El inquilino', película de 1957 dirigida por José Antonio Nieves Conde y protagonizada por Fernando Fernán Gómez y María Rosa Salgado.

En esta descarnada crítica, la familia formada por Evaristo, Marta y sus cuatro hijos vive de alquiler en un piso de un edificio que va a ser derruido. Al verse desahuciados, intentan buscar un lugar donde realojarse que se adecue a sus necesidades y posibilidades, pero la tarea se torna imposible.

Nieves Conde toca múltiples temas: especulación inmobiliaria, complejidad buro- crática, el juego de los bancos, cómo afecta la situación a la relación familiar... Digna de mención es la solidaridad de los albañiles que tienen que derribar el edificio con la familia. Y es que, como dice uno de ellos: "Si los pobres no nos ayudamos..."

'El inquilino' llegó a estrenarse, pero al ministro de vivienda le cayó como un puñetazo en el estómago y obligó a retirarla de cartel para modificar varias partes del metraje, eliminar ciertas frases y escenas y cambiar totalmente el final, imponiendo uno feliz y esperanzador.

Rescatamos unas palabras de García Escudero en referencia a este filme: "La única consecuencia de una sociedad exclusivamente atenta a la ganancia inmediata es, en efecto, que quienes no están en condiciones de ofrecer tal ganancia se vean con su pobre ajuar en medio de la calle".



De un año después, también protagonizada por Fernando Fernán-Gómez y dirigida por él mismo, tenemos 'La vida por delante'. Le acompaña como actriz protagonista Analía Gadé.

Antonio y Juanita se casan nada más terminar sus respectivas carreras. Sueñan con abrirse camino en la vida y estar juntos en su propia casa.

Con mucho humor, Fernán-Gómez nos cuenta las dificultades de encontrar un trabajo estable y mucho menos relacionado con los estudios cursados y de conseguir una vivienda asequible para poder independizarse total- mente de la casa de los padres.

Al final encuentran un lugar donde vivir, comprando un piso aún no construido. Y ahí la película tiene una de sus críticas más brillantes. Cuando llega el momento de ver el piso y entrar a vivir, se encuentran con que no es exactamente como lo habían imaginado: pisos construidos con paredes y techos "de papel", donde estirando la mano puedes tocar al vecino de enfrente, con habitaciones en las que no cabe una caja de cerillas... Estupenda también, por cierto, la guasa de Fernando Fernán-Gómez con las orlas de los protagonistas.

Según Fernando Fernán.Gómez, 'La vida por delante' es una "sátira de lo que podríamos denominar la chapuza española".

Entre los actores que aparecen en la película, merece la pena recordar la escena del gran José Isbert como testigo de un accidente. Una breve pero entrañable aparición.



Con guión de Rafael Azcona y Marco Ferreri, nos encontramos con 'El pisito', de 1959. Para el guión tomaron como base una novela de Azcona: "El pisito. Historia de amor e inquilinato".

Aunque figuran como directores el italiano Marco Ferreri e Isidoro M. Ferry, al parecer el Ministerio de Cultura forzó a los productores a incluir a Ferry (productor de Documento Films) como co-director, debido a la condición de extranjero de Ferreri.

Petrita (Mary Carrillo) y Rodolfo (José Luis López Vázquez) llevan doce años de noviazgo. Están esperando para casarse a encontrar un piso donde vivir, ya que ella no quiere vivir realquilados, y los precios de los pisos en venta y los alquileres son muy elevados.

Rodolfo vive realquilado en casa de Doña Martina, una mujer muy mayor que paga a su casero una renta antigua. La buena señora quiere que Rodolfo herede el contrato de inquilinato cuando ella muera, pero la ley no está de su parte.

Además, el casero está esperando a que ella muera para derribar el edificio. La única solución posible parece pasar por casarse con doña Martina para heredar la renta y que el casero no pueda echarle.

Vemos así que Ferreri y Azcona no solamente tocan el tema de los elevados precios de la vivienda y los realquileres. sino que además plantea el tema de la especulación inmobiliaria.



De nuevo con Azcona metido en labores de guión junto con Ennio Flaiano y Luis García Berlanga, queremos recordar 'El verdugo' (1963), dirigida por Berlanga y protagonizada por Emma Penella, José Isbert y Nino Manfredi.
A pesar de que Berlanga quería a José Luis López Vázquez para el papel de José Luis (Nino Manfredi), tuvo que ceder y aceptar al italiano por tratarse de una coproducción con Italia.

Respecto al tema que estamos tratando, recordemos que uno de los motivos fundamentales que hacen que el personaje de Manfredi acepte el trabajo de verdugo es conseguir un piso del ministerio.

Cuando se le requiere para un ajusticiamiento, José Luis se debate entre aceptar o nuevo oficio o dimitir como verdugo, lo que supondría la pérdida de la vivienda. Todo un dilema.

De todos modos, para más información sobre esta película os remitimos al Cinefórum que le dedicamos a ella sola hace tiempo.



'Historias de Madrid' no estaba anunciada para este Cinefórum, pero hemos decidido añadirla por varios motivos: obviamente, porque uno de los temas que trata se adecua perfectamente, que he conseguido verla antes del Cinefórum y que sirve como homenaje al recientemente fallecido Tony Leblanc.

Dirigida por Ramón Comas en 1958, es una película en la que aunque destaca un poco la historia relativa a Mari Pepa y Pablo, no hay un claro protagonista. Cuenta entre otros actores y actrices con Tony Leblanc, Licia Calderón, Mario Morales y Antonio Riquelme.

La película comienza con la voz en off de La Cibeles narando la historia, lo cual tiene guasa. Y acto seguido vemos al dueño del edificio entrando en una iglesia para pedir a San Nicolás que se caiga el inmueble para poder construir un edificio de doce plantas en el solar. Pero resulta que una de las vecinas también está rezando al mismo santo para lo contrario.

Ramón Comas nos muestra algunas historias de las personas que viven en esa construcción ansiando que no se derrumbe o que llegue una respuesta satisfactoria del Ayuntamiento respecto a unas viviendas que han solicitado para mudarse.

Aunque es una película entretenida no me ha acabado de llegar. No perdono la parte "tunera"... ¡Qué horror! Pero quizá uno de los mayores problemas que le he encontrado es  que es muy poco crítica y demasiado patriotera. Se pasa de indulgente con el Ayuntamiento y el especulador dueño del edificio. Le falta dar más caña y más mala leche. Pero como curiosidad, merece la pena echarle un ratillo.

Eso sí, muy buena la parte donde toda la gente de dentro del edificio se une en pie de guerra contra los bomberos y el dueño que acuden con una orden de derribo.




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miércoles, 7 de noviembre de 2012

CINEFÓRUM DE SOBREMESA (porque el cine nos alimenta...)
Hoy: La Huella, (Joseph L. Mankiewicz, 1972)


¿Qué añadir a todo lo que se puede encontrar en la red sobre 'La huella (Sleuth)'?

Tras mucho buscar y pensar hemos decidido que, como en alguna otra ocasión hemos hecho, tome la palabra el director del filme y sea él mismo quien  nos revele algunos detalles sobre la última película que dirigió allá por 1972.

Para ello hemos extractado algunos fragmentos de una entrevista que le hizo Michel Ciment a Mankiewicz en "Positif" n. 154 en 1973 y que fue publicada en el nº 10 de  "Dirigido por..." (febrero de 1974).

Para completar, enlazamos abajo algunos blogs amigos que han hablado sobre 'La Huella'. Lecturas muy recomendables, sin duda.




Sin más, os dejamos com Joseph L. Mankiewicz:


- 'La huella (Sleuth, 1972)' es una obra de Anthony Schaffer y sin embargo, ¿la película no parece un guión original de Mankiewicz?

- El guión es muy diferente de la obra. Debo decir que Anthony Schaffer se mostró muy cooperativo y comprensivo. Quería tratar una vez más uno de mis temas preferidos y que me han fascinado siempre -y que en 'La condesa descalza (The Barefoot Contessa, 1954)' mostraba sin duda muy claro- el de que la vida remite a los guiones.

He empezado esta película con un "proscenium" y figurines de cartón que anuncian una escena en el sótano donde Wyke muestra cuadros con estos figurines, como si fueran recreaciones de sus libros, y terminé la película con un paro sobre la imagen donde los personajes se vuelven siluetas de cartón mientras la cámara retrocede.

Andrew Wyke y Milo Tindle, así como los acontecimientos que han vivido, se han vuelto la obra de Wyke, el papel se ha transformado en una de estas novelas, lo que da una dimensión metafísica a la historia. Que yo sepa, nadie en este país ha notado este detalle, nadie ha encontrado que se volvían siluetas de cartón, que la cámara, es decir el director, se retiraba con burla y declarando: "Era mi juego, lo que acaban de ver es una de las obras de Andrew Wyke". Ya que la vida de este hombre empieza a ser su obra. La crítica americana no está preparada para mirar una película americana de este modo, la crítica americana lleva el cilicio, el hábito de los penitentes. Porque tantos de sus compatriotas son ruidosos y vulgares, se lamenta de ser hiper-modesta. Porque tantos de sus compatriotas se desinteresan de la cultura, se duele de ser hiper-cultural. ¡Pero solamente cara a las obras extranjeras! Cuando mira una obra de su país, se dice: Es americana, por tanto debe de tener unos límites. Límites que rehusa designar a obras como la de un hombre tan grotescamente deshonesto como Antonioni. En una gran medida, Antonioni fue creado por la crítica americana, que se dijo: Veo cosas que nadie más ve. A fin de cuentas la película perfecta será el día en que ningún espectador comprenderá, pero la crítica le proveerá de un código para comprenderla. De nuevo he cambiado y olvidado su pregunta...

Volvamos a 'La huella'. He querido en la adaptación acentuar el contraste entre las clases y mostrar que el intelectual, por el hecho de serlo, cree ser mentalmente superior al no-intelectual. Es el caso de Andrew Wyke. Ciertamente no es el más intelectual de los intelectuales, es pomposo, pero al fin y al cabo ha leído mucho y es el autor de novelas policíacas de gran éxito, en el estilo de los años 30 (otra cosa todavía que me fascina: la gente que se ha parado en una época y no ha evolucionado). Yo mismo, en la mitad de los años treinta, interpretaba todos estos papeles: "Charades", buscas del tesoro, asesinatos. Pues bien, cuando alguien con gran poder como él, un miembro de la alta sociedad, humilla a los pobres y débiles, puede suscitar en el adversario un talento terrible para la revancha que de no existir él no hubiese tenido ninguna razón para que existiera. Y es a lo que Andrew Wyke no estaba preparado.

En la obra original, Milo Tindle no era "cockney", dirigía una agencia de viajes y era mitad judío mitad italiano. Preferí que fuera un peluquero, es decir alguien que hubiese subido la escala social fornicando, ya que la peluquería es propicia a esto. Uno de los aspectos brillantes del papel de Michael Caine, es su acento. Probé de hacerle utilizar su acento como un violinista se sirve de su violín. Michael, que al principio entra en el laberinto con su acento de gentleman, no es más en el momento de su asesinato supuesto, que un "cockney" histérico que llora y solloza, y que abandona toda pretensión de ser un gentleman o hablar como tal. Durante toda la película, según las tensiones de la situación, le hice controlar o no su acento. Fue muy divertido. [...]


- ¿Cómo se desarrolló su colaboración con Schaffer sobre 'La huella'?

- El trabajaba en esta obra cuando nos conocimos. Hablamos antes y si yo tenía sugerencias a hacer las insertaría en el texto, tanto si él las aceptaba como si no. He trabajado de esta misma forma con Benton y Newman en 'El día de los tramposos (There Was a Crooked Man, 1970)'. Pues siendo yo escritor, me es muy difícil no escribir una película que yo mismo voy a dirigir. A principios de mi carrera, después de 'El castillo de Dragonwick (Dragonwyck, 1946)', dirigí deliberadamente guiones de otros, porque quería conocerlos, juzgarlos y sacar de ellos todo lo mejor. Incluso en esta época colaboré en guiones. Lo que prefiero, ante todo, por tanto, es escribir y dirigir mis propios guiones. Pero ahora no comprendo cómo, en el espacio de dos años, pude escribir y dirigir 'Carta a tres esposas (A Letter to Three Wives, 1949)', 'Un rayo de luz (No Way Out, 1950)', 'Eva al desnudo (All About Eve, 1950)' y 'Murmullos en la ciudad (People Will Talk, 1951)'. Es cierto que subía escaleras en esta época y que corría mucho más que ahora. Pero escribir lleva su tiempo y me gusta trabajar solo, sabiendo que escribir es un oficio solitario. No comprendo cómo se puede colaborar con alguien sobre un guión y en este sentido nunca se me ha ocurrido sentarme al lado de alguien y escribir con él. Como director, puedo discutir el guión de otro y decirle lo que pienso sobre él, pero no puedo colaborar con él.

[...]

- En 'La huella', ¿de quién es la idea del laberinto?

- Es mía , como la del espejo. Las marionetas tampoco estaban en el guión y me empezaron casi a dirigir. Para cada película me gusta pasar por lo menos un día completo solo junto al decorado enteramente montado. De este modo pasé toda una tarde en disponer las marionetas en diversos sitios. Y mientras el film avanzaba tenía el sentimiento de que cada una de estos muñecos poseía una personalidad distinta. Una noche durmiéndome pensé que la bailarina estaba enamorada de Michael Caine y me puse a pensar en lo que todavía no había rodado, en la manera en que ella esperaba que él bajaría la escalera, dónde giraría la espalda cuando es alcanzado por una bala, o dónde ella le miraría cuando él telefonearía a la policía. Y esta mujer que está en el piano, severa y dominante, que controlaba realmente a Andrew Wyke, y no quería la presencia femenina en esta casa, de hecho no quería a nadie. Y el marinero... Pensé más en estos muñecos que en los actores reales. En todas mis películas hay este género de cosas, pero este film fue el más satisfactorio ya que estaba impulsado a inventar constantemente, a causa de los propios límites del tema: dos actores en una habitación. ¡Después de todo, es la primera vez en la historia del cine que el reparto en su totalidad fue propuesto para el Oscar de la mejor interpretación!


- Fue un desafío por su parte, ya que Ud. estima que no se escucha en el cine, hacer una película en donde dos actores hablan sin cesar durante dos horas y veinte minutos.

- Hasta el estreno de la película, tuve unas discusiones terribles con los productores para que no me amputasen escenas enteras, para que no impusieran un entreacto... Si la película no hubiera sido un gran éxito comercial, le puedo asegurar que en este momento estaría truncada y no estoy seguro tampoco de que se esté cortando en este mismo momento. Estuve ansioso ciertamente, fue un desafío para forzar al público a escuchar nuevamente en el cine. Schaffer escribió un guión muy bueno y tuve dos actores igualmente buenos que creaban entre ellos esta alquimia particular que se encuentra cuando el reparto es adecuado. Nadie ha creado una estrella y nadie ha podido saber jamás lo que iba a ser o no un éxito. Nadie ha podido saber si al público le gustaría o no una película. Es él unicamente quien tiene el poder de crear las estrellas. Marilyn Monroe no se distinguía de las dieciocho otras Marilyn Monroe, salvo a los ojos de una persona que no era individual, el público, que sintió en ella algo que nadie había sentido. Y es maravilloso, ya que esta incertitud permite la creación. En los años treinta se esperaba poderse deshacer de los actores, de los realizadores, de los guionistas, se esperaba encontrar el medio de fabricar un espectáculo de cincuenta minutos que la gente se contentaría con mirar boquiabierta. Y es lo que hacen delante de la televisión. Yo pensé que en 'La huella' el público escucharía porque tendría miedo.


- En los conflictos de poder que nos muestra siempre, ¿dónde coloca Ud. los conflictos entre hombres y mujeres?

-Descuidamos a las mujeres porque son los seres humanos más complicados y al mismo tiempo los que ofrecen más dificultades a los guionistas y a los realizadores. El hombre americano es el menos interesado del mundo. Es el único hombre sobre la tierra a quien desde los doce o trece años se le enseñe que su primera responsabilidad, su función en la vida, es tener más valor muerto que vivo. Desde que un niño americano llega a la pubertad, se le habla de seguridad en la vida y se le dice que si muere debe dejar bastante dinero a su mujer y a sus hijos para que puedan vivir mejor que de vivo. Su función en la vida es ser un cadaver opulento y con poder. La peor de las cosas que puede pasarle a un americano es ser un discapacitado físico. Ha estado educado exclusivamente para adquirir cosas, y no ha desarrollado sus recursos interiores. Si está privado de esta capacidad de adquirir, y si debe quedarse sentado en un sillón para leer y pensar, está perdido. El americano, y también el francés o el inglés, es infinitivamente más simple para comprender que su compañera.

La mujer puede decir sí o no al mismo tiempo. La mujer quiere y no quiere al mismo tiempo. La mujer miente y disimula infinitamente mejor que el hombre ya que ha estado obligada a hacerlo en nuestra sociedad. Pero yo detestaría que ella perdiera sus atributos. Son también atributos naturales. En 'La huella' la mujer ausente está mucho más presente que en la obra. Y hubiese preferido tener sobre la pantalla a dos mujeres mejor que a dos hombres. Una de las razones por las cuales he utilizado tanto las muñecas, es sin duda debido a que mis dos personajes eran hombres. Con dos mujeres, no hubiese podido sentir esta necesidad de las muñecas ya que hubiese encontrado en ellas un número suficiente de complicaciones y de contradicciones.

[...]

- ¿Cuál es su actitud con respecto al decorado?

- Procuro utilizar el talento de cada uno de los colaboradores. La peor cosa que puede hacer un cineasta es escoger a un enfocador, pasearse con su jefe-operador e indicarle cual es el objetivo que debe coger, indicarle sus señales; ya que es quizás posible que frustre así a una gran cameraman. Yo preparo primeramente la escena, después le pregunto como la ve él. Él puede decirme algo en lo que yo no he pensado. Siendo uno el realizador, está en el derecho de poder decir: "Es exactamente lo que yo pensaba" o de proponer una solución propia si la sugerencia no parece bien. Otra estupidez es coger un papel y dibujar un plano diciendo al decorador que es eso lo que uno quiere. Mi decorador debe leer el guión, le digo lo que quiero conseguir y él vuelve con sus ideas. Para rodar 'La huella' utilizamos un nuevo procedimiento extraño, una bola redonda en la que se mete la cámara y se la dirige a distancia. Podía seguir a Michael Caine y hacer un primer plano de él en lo más profundo del laberinto, lo que no hubiese sido posible con una grúa o con un zoom.


- ¿Cómo están escritos sus guiones desde el punto de vista de la dirección?

- Todo es un plano general. El que escribe detalles técnicos pierde su tiempo. Si es el director quien escribe su propio guión, no tiene necesidad de indicar la posición de la cámara, y si es el guionista quien lo hace, es inútil, ya que el cineasta trabajará como le parezca. Lo que hace falta es visualizar la película y tener una concepción general. Como dijo Olivier en 'Dick Cavett Show' (célebre emision de T.V. americana): El realizador debe saber exactamente el sitio de cada detalle en el conjunto. En 'La huella' yo debía empezar muy tranquilamente e incluso muy convencionalmente, ya que sabía que tenía mucho camino para recorrer. No podía apresurarme ni volverme extraño demasiado pronto. Tenía que guardar cosas para más tarde. En el conjunto, la utilización de la cámara es dictada por el contenido dramático de la escena y por el efecto que hará sobre el público.

[...]

- ¿Si hubiese escrito usted 'La huella', hubiese hecho morir a Laurence Olivier o quizás hubiese querido mostrar que en nuestra sociedad son siempre los Michael Caine quienes mueren?

- No lo he pensado nunca. Pienso que hacía falta que muriese para poder vencer a Olivier. Este representa un aspecto importante de nuestra sociedad. No se podía permitir dejar conocer a alguien su impotencia. Pero al final, tenía que parecer ridículo de todas formas, ya que sus nuevos compañeros se vuelven contra él y se burlan: su único refugio es volver a ser un muchachito que lloriquea porque sus juguetes se han roto.

- ¿Cómo escoge a sus actores?

- Si hubiese de escoger entre un actor que "siente" su papel y un actor que lo "comprende", tomaría siempre al segundo. Me importa muy poco lo que siente un actor, aunque me haga pensar que siente alguna cosa. El ideal, claro está, es combinar las dos cosas. El actor que piensa y que puede controlar sus emociones, es un gran actor, pero el actor que interpreta sobre sus emociones y no piensa es demasiado corriente en nuestra época. Detesto a los actores que dicen: "Dejémelo decir a mi manera", y que desprecian el diálogo en provecho de la pretendida improvisación: no solamente es absurdo, sino que es también una obscenidad. ¿Cómo puede un actor venir sobre un plató y pretender estar más preparado para decir sus diálogos que un escritor experimentado que pasó seis meses o un año para escribir un texto? No tengo ninguna indulgencia por el que desprecia el lenguaje hablado.

- ¿Parece que Ud. pide al crítico la misma insignificancia que a un director?

- La mejor revista de crítica literaria es "Times Literary Supplernent" y no hay en ella ni un a sola crítica que esté firmada. Son trozos brillantísimos, muchas veces crueles, pero anónimos. Para mí es la esencia de la crítica. Mire la televisión en América: el boletín metereológico patrocinado por un sostén. Durante cinco minutos se nos habla de altas y bajas presiones en Groenlandia, en Ecuador, en el Norte de Alaska, cuando todo lo que se quiere saber es el tiempo que hará mañana. Después llega un hombre cuyas referencias son muchas veces dudosas, que nos ofrece entre cuarenta y cinco segundos y un minuto y medio una crítica de lo que otro hombre se ha pasado un año o dos creando. ¡Tiene que correr del cine al estudio de televisión y ha elaborado su crítica en el taxi! En una cadena hay un hombre, que por otra parte ha juzgado favorablemente 'La huella', cuyo solo fin parece ser el de ridiculizar las películas que ve, y si es posible, hacer reir a los otros que están en el plató con sus chistes. Utilizar la obra de un cineasta para hacer algunos gags y llegar a ser un a personalidad en la tele es un ejercicio bastante cruel.

[...]


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Como dijimos arriba, os recomendamos la lectura de estos blogs. Si alguien más ha comentado esta peli y le apetece, que no dude en dejar el enlace en los comentarios para añadirlo aquí:

- La opinión de Ricar2, en He visto (Diario de películas)
- Josep habla de 'La Huella' en El Bloc de Josep
- Fernando también escribe sobre esta película en Cinema Genovés
- David y Cristina tuvieron un estupendo Cinefórum en Ciclos de Cine
- En Clasicosis podéis leer algunas curiosidades

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Quedan los comentarios a vuestra disposición para ir opinando sobre la historia, los actores, la dirección, el decorado.... En definitiva, sobre lo que surja y apetezca relacionado con 'La Huella' :-)



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miércoles, 17 de octubre de 2012

CINEFÓRUM DE SOBREMESA (porque el cine nos alimenta...)
Hoy: El Proceso, (Orson Welles, 1962)

"Esta es la cumbre del arte cinematográfico"
(Charles Chaplin, sobre 'El Proceso')


Esta vez el post del Cinefórum no lo voy a hacer yo. Me he limitado a traducir una entrevista que la BBC hizo a Orson Welles con motivo del estreno de 'El Proceso'.

Para completar esta entrevista, he añadido un fragmento extraído del libro “Entrevistas con directores de cine II” de Andrew Sarris.

Y, si os apetece, os recomiendo echar un vistazo a aclaRarte, Miradas de Cine y Wikipedia (en su versión en inglés).




Orson Welles sobre 'El Proceso'
Entrevistado por la BBC en 1962 por Huw Wheldon

Pregunta: Su película, 'El Proceso', se basa en la impresionante novela de Franz Kafka.
Respuesta: Sí, supongo que se puede decir que sí, aunque no sea necesariamente exacto. Por lo general he tratado de ser fiel a la novela de Kafka en mi película, pero hay un par de puntos importantes en mi filme que no coinciden al leer la novela. En primer lugar el carácter de Joseph K. en la película realmente no se deteriora, ciertamente no se rinde al final. 

P: Desde luego, lo hace en el libro. En la novela es asesinado.
R: Sí, al final es asesinado. Es asesinado en nuestra película, pero como temo que K. puede ser tomado como una especie de persona universal por el público, he tenido el valor de cambiar el final en el sentido de que no se rinde. Él es asesinado como cualquiera es asesinado cuando se lleva a cabo una ejecución, pero donde en el libro grita, "¡Como un perro! ¡Me matáis como a un perro!", en mi versión, se ríe en su cara, porque son incapaces de matarlo. 

P: Ese es un gran cambio.
R: No es tan grande, porque de hecho, en Kafka no son capaces de matar a K. Cuando a los dos ayudantes se les ordena asesinar a K. en un campo, realmente no son capaces de hacerlo. Se pasan el cuchillo uno al otro. K se niega a colaborar en su propia muerte en la novela, se queda así y muere con una especie de gemido. Ahora bien, en la película, simplemente he sustituido el gemido por una explosión. 

P: ¿Alguna vez pensó en terminar la película con los dos verdugos apuñalando a K. con el cuchillo? 
R: No. Para mí ese final es un ballet escrito por un intelectual judío antes de la llegada de Hitler. Kafka no lo hubiera escrito después de la muerte de seis millones de Judios. Todo eso me parece muy pre-Auschwitz. No quiero decir que mi final sea especialmente bueno, pero era la única solución posible. Tuve que acelerar el ritmo, aunque fuera por unos momentos.

P: ¿Tiene algún reparo en modificar una obra maestra?
R: En absoluto, porque el cine es un medio muy diferente. Una película no debe ser una réplica exacta, con todos los diálogos, con todos los movimientos de una obra impresa, sino que debe ser ella misma, ser algo de por sí. De ese modo se utiliza una novela de la misma manera que un dramaturgo podría usarla, como un punto de partida desde el cual se va a crear una obra completamente nueva. Así que no, no tengo ningún reparo en modificar un libro. Si se toma en serio la cinematografía, hay que considerar esas películas no son una réplica o una interpretación de una obra, pero que son tan valiosas como el original. 

P: Así que no es una película del libro, ¿es una película basada en el libro?
R: Ni siquiera basada. Es una película inspirada en el libro, en la que mi colaborador y compañero es Kafka. Esto puede sonar presuntuoso, pero me temo que es una película de Welles y aunque he tratado de ser fiel a lo que yo considero que es el espíritu de Kafka, la novela fue escrita en los tempranos años veinte, y estamos en 1962, y hemos realizado la película en 1962, y he tratado de hacer mi película porque creo que tendrá más validez si es mía.

P: Ha habido muchas lecturas diferentes de 'El Proceso'. Mucha gente dice que es una alegoría del individuo contra la autoridad, otros dicen que es un símbolo de la lucha del hombre contra el mal implacable, y así sucesivamente. ¿Ha seguido alguna interpretación de este tipo en su película?
R: Creo que una película debe ser, o una buena película debe ser tan capaz de tantas interpretaciones como un buen libro, y creo que el artista creativo debe contener su lengua ante ese tipo de pregunta, así que discúlpeme si me niego a responderle. Prefiero que vaya a ver la película, que debería hablar por sí misma y debe hablar por sí misma. ¡Preferiría que usted haga su propia interpretación de lo que piensa!


P: No me sorprendí cuando me enteré de que usted estaba realizando 'El Proceso', porque parece que el proceso de invertir los acontecimientos ordinarios, con entonaciones y matices, es una parte muy importante de su arsenal como cineasta. ¿Cree usted que Welles y Kafka van bien juntos en este sentido?
R: Tiene gracia que diga eso porque me sorprendí cuando me enteré de que estaba realizando 'El Proceso'. De hecho, lo que me sorprendió fue que se hiciera. Es una película muy cara, es una gran película. Ciertamente hace cinco años nadie la hubiera hecho, nadie podría haber persuadido a los distribuidores o patrocinadores o a cualquier otra persona para hacerla. Pero el mundo ha cambiado recientemente. Hay un momento nuevo en el cine y no me refiero con eso a que seamos mejores cineastas, sino a que el sistema de distribución se ha roto un poco y el público es más abierto, está más preparado para temas difíciles. ¡Así que es extraordinario que alguien esté haciendo 'El Proceso'! Es una especie de avant-garde.

P: ¿Es importante que películas como 'El Proceso' se puedan producir ahora con grandes presupuestos para público de cine comercial?
R: Oh, es maravilloso, y es muy esperanzador. Quiero decir que hay todo tipo de temas difíciles que se están llevando a cabo en la actualidad dentro de la corriente principal del cine y que se están haciendo bien. La gente va a verlas. 'Hiroshima mon amour' y 'El año pasado en Marienbad'. Quiero decir, no me gustan, pero me alegro mucho de que hayan producido. No importa que no me gusten. Resnais probablemente deteste 'El Proceso', pero lo que importa es que una película difícil y que se presenta como experimental, se ha realizado, ¡y se está exhibiendo y compitiendo comercialmente! En otras palabras, lo que está muriendo es el filme puramente comercial, ¡al menos esa es la gran esperanza!

P: ¿Cómo sería 'El Proceso' de haberse rodado, supongamos, hace cinco años?
R: No creo que se hubiera producido hace cinco años, pero de haber sido así, sólo habría ido a los cines de arte y habría sido una de esas películas pequeñas, difíciles, experimentales, en vez de rodarse con Anthony Perkins, Jeanne Moreau, Romy Schneider, ya sabes, un elenco de grandes estrellas, ¡una película importante! Imagínese lo que eso significa, lo que significa para mí haber tenido la oportunidad de hacerlo; es más, haber tenido la oportunidad de trabajar. ¡Este es el primer trabajo que he recibido como director en cuatro años!

P: El hecho es que usted está enamorado del cine, ¿no es así?
R: ¡Ese es mi problema! Mire, si no me hubiera movido del teatro, podría haber trabajado de manera constante, sin parar durante todos estos años. Pero, tras haber hecho una película, decidí que era la mejor y más hermosa manera que conocía y que quería seguir con ella. Estaba enamorado como usted dice, realmente de una forma tremenda.

P: Existe una escena con una científica de computación, interpretada por Katina Paxinou, que ya no sale en la película. Ella le dice a K. que su destino más probable es que se va a suicidar.
R: Sí, era una larga escena que duraba diez minutos que corté en la víspera del estreno de París. Una computadora le dice a Joseph K. su destino- que es lo que la escena fue de. Era mi invención. La computadora le dice a su destino. Sólo vi la película completa una vez. Todavía estábamos en el proceso de montaje, y entonces el estreno se nos echó encima. En el último momento recorté la escena. Lo que debería haber sido lo mejor de la película no lo era. Algo salió mal, no sé por qué, pero no tuvo éxito. El asunto de esa escena era el libre albedrío. Estaba teñida de humor negro, que era mi principal arma. Como sabe, siempre se dirige contra la máquina y en favor de la libertad.

P: ¿Por qué rodó gran parte de la película en Yugoslavia?
R: Considero que la historia con la que estamos tratando se desarrolla "en cualquier lugar". Pero por supuesto no existe "en cualquier lugar". Cuando la gente dice que esta historia puede ocurrir en cualquier lugar, debe saber en qué parte del mundo empieza realmente. Kafka es centroeuropeo, así que para encontrar un lugar en Europa Central, un lugar que hubiera heredado algo del imperio austro-húngaro al que Kafka se opuso, me fui a Zagreb. No pude ir a Checoslovaquia porque allí sus libros ni siquiera están impresos. Su obra todavía está prohibida.




P: ¿Habría ido a Checoslovaquia, de haber sido posible?
R: Sí, nunca he dejado de pensar que estábamos en Checoslovaquia. Como en todo Kafka, se supone que es Checoslovaquia. La última toma se rodó en Zagreb, que cuenta con antiguas calles que se parecen mucho a Praga. Pero ya ve, capturar el sabor de una ciudad europea moderna, pero con sus raíces en el imperio austro-húngaro no fue la única razón por la que rodamos en Yugoslavia. La otra razón fue que teníamos un gran recinto industrial para rodar. Usamos edificios enormes, mucho más grandes que cualquier estudio de cine. Hubo una escena en la película donde teníamos que encajar 1.500 mesas en un único espacio y no había ningún estudio de cine en Francia o en Gran Bretaña donde cupieran 1.500 mesas. Los grandes espacios industriales que encontramos en Zagreb lo hicieron posible. Así que teníamos tanto esa especie de sordidez moderna, que es parte del estilo de la película, y estas curiosas raíces podridas que nos conducían directamente al oscuro corazón del siglo XIX.

P: Rodó gran parte de la película en París, en una estación de tren abandonada, Gare d'Orsay.
R: Sí, hay una historia muy curiosa sobre eso. Rodamos durante dos semanas en París con el plan de ir inmediatamente a Yugoslavia, donde nuestros sets estarían preparados. El sábado a las 6 de la tarde, llegó la noticia de que los decorados no sólo no estaban preparados, sino que ni siquiera se había empezado a construirlos. Entonces, no estaban los sets, ni tampoco estudios disponibles para construirlos en París. ¡Era sábado y el lunes teníamos que estar rodando en Zagreb! Teníamos que cancelar todo, y al parecer dar por finalizada la película. Yo estaba en el Hotel Meurice en las Tullerías, paseando arriba y abajo en mi habitación, mirando por la ventana. Ahora no soy tan tonto como para no tomar a la Luna muy en serio, y vi la Luna desde mi ventana, muy grande, lo que llamamos en América Luna de Cosecha. Entonces, milagrosamente, había dos. Dos lunas, ¡como una señal del cielo! En cada una de las lunas había números y me di cuenta de que eran las esferas de reloj de la Gare d'Orsay. Me acordé de que la Gare d'Orsay estaba vacía, así que a las 5 de la mañana bajé, me metí en un taxi, atravesó la ciudad y entró en esta estación vacía donde descubrí el mundo de Kafka. Las estancias del abogado, los despachos judiciales, los pasillos; una especie de modernismo a lo Jules Verne que me parece muy al estilo de Kafka. Allí estaba todo, y a las 8 de la mañana pude anunciar que podíamos rodar durante allí durante siete semanas. Si se fija en muchas de las escenas en la película que se filmaron allí, se dará cuenta de que no sólo es un lugar muy hermoso, sino que además está lleno de dolor, el tipo de dolor que sólo se acumula en una estación de ferrocarril donde la gente espera. Sé que esto suena terriblemente místico, pero en realidad una estación de ferrocarril es un lugar encantado. Y la historia tiene que ver con la gente esperando, esperando, esperando a que sus papeles sean cumplimentados. Está lleno de lo desesperado de la lucha contra la burocracia. Esperar que un papel sea cumplimentado es como esperar un tren, y es también un lugar de refugiados. Muchas personas fueron enviadas a las cárceles nazis desde allí, los argelinos fueron congregados allí, así que es un lugar de gran dolor. Por supuesto, mi película posee un montón de dolor también, así que la ubicación infundió mucho realismo a la película.

P: ¿Utilizar Gare d'Orsay cambió su concepción de la película?
R: Sí, yo había planeado una película completamente diferente que se basaba en la ausencia de sets. La producción, como la había esbozado, etsaba compuesta por sets que poco a poco desaparecían. El número de elementos realistas iba a ser cada vez menor y el público se daría cuenta de ello, hasta el punto en que la escena se reduciría al espacio abierto como si todo se hubiera disuelto. La naturaleza imponente de los sets utilizados se debe en parte al hecho de usar esta vasta estación de ferrocarril abandonada. Se trataba de un conjunto inmenso.

P: ¿Cómo se siente acerca de 'El Proceso'? ¿La ha concluido con éxito?
R: Sabe, esta mañana cuando llegué en el tren, me encontré con Peter Ustinov y su nueva película, 'Billy Budd (La fragata infernal)' acaba de estrenarse. Le dije, "¿Cómo te sientes con tu película? ¿Te gusta?" Él dijo: "No me gusta, ¡me siento orgulloso de ella!" Me gustaría tener su seguridad y su razón para tal seguridad, porque estoy seguro de que es el espíritu adecuado con el que responder. Siento una inmensa gratitud por la oportunidad de hacerla, y le puedo decir que durante el rodaje, no en el montaje, porque esa es una tarea terrible, pero sí el rodaje de la misma, fue el período más feliz de toda mi vida. Así que dirá lo que quiera, pero 'El Proceso' es la mejor película que he hecho nunca.

P: ¿Cómo reacciona ante el interrogante de su público?
R: Ah, eso es algo interesante. Me parece que el gran regalo de la forma de película, para el director, es que no estamos obligados a pensar en el público. De hecho, es imposible pensar en nuestro público. Si escribo una obra de teatro, inevitablemente debo pensar en términos de Broadway o el West End. En otras palabras, hay que visualizar a la audiencia que vendrá, su clase social, sus prejuicios y así sucesivamente. Pero con una película, nunca pensamos en el público, simplemente hacemos la película de la misma manera que se sienta uno a escribir un libro, y espera que les guste. No tengo idea de lo que el público hará de 'El Proceso'. ¡Imagine la libertad de eso! Acabo de hacer 'El Proceso' y luego vamos a ver lo que piensan de la misma. 'El Proceso' no está hecha para ningún público, para todo el público, no para este año, para todo el tiempo que la película pueda ser exhibida. Ese es el regalo de los regalos.

P: Muchas gracias, Orson Welles. Espero que disfrutemos viéndola tanto como usted ha disfrutado haciéndola.
R: Oh, yo también lo espero.Gracias.




Fragmento extraído del libro “Entrevistas con directores de cine II” de Andrew Sarris. Editorial N y C.

P:  En 'El proceso' parecía que estaba usted haciendo una crítica severa del abuso del poder; a no ser que se refiera a algo más profundo. Perkins parecía una especie de Prometeo…
R: También es un pequeño burócrata. Creo que es culpable.

P: ¿Por qué dice que es culpable?
R: ¿Quién sabe? Pertenece a algo que representa el mal y que, al mismo tiempo, es parte de él. No es culpable de lo que se le acusa, pero de todos modos es culpable. Pertenece a una sociedad culpable y colabora con ella. De todas formas, no soy un analista de Kafka.

(...)

P: En la transposición al cine de 'El proceso' hay un cambio fundamental; en el libro de Kafka, el carácter de K. es más pasivo que en el filme.
R: Yo lo hice más activo, exactamente hablando. No creo que los caracteres pasivos sean apropiados para el drama. No tengo nada contra Antonioni, por ejemplo; pero para interesarme, los personajes deben hacer algo; desde un punto de vista dramático, ya me entiende.

P: 'El proceso', ¿era un antiguo proyecto?
R: Dije una vez que se podría sacar un buen filme de la novela, pero no pensaba hacerlo yo mismo. Vino a verme un hombre que creía que podía conseguir dinero para que yo hiciese un filme en Francia. Me dio una lista de filmes y me pidió que eligiese. Y de aquella lista de quince filmes escogí el que –me parece- era el mejor: El proceso. Puesto que no podía hacer un filme escrito por mí mismo, escogí a Kafka.

(...)

P: Cuando Joseph K. ve aparecer las sombras al final con la historia del guardián, la puerta, etcétera, ¿se refiere esto a sus propias reflexiones sobre el cine?
R: Se refiere a un problema técnico planteado por la historia que teníamos que narrar. Si la contábamos en aquel preciso momento, el público se dormiría; por eso la cuento al comienzo y no hago más que evocarla al final. Entonces, el efecto es equivalente a contar la historia en aquel momento, y así pude contarla en cinco segundos. Pero, de todos modos, yo no soy el juez.

P: Un crítico que admira mucho su obra ha dicho que en 'El proceso' se estaba usted repitiendo…
R: Efectivamente, me repetía. Creo que lo hacemos en todo momento. Siempre volvemos a tomar ciertos elementos. ¿Y como se puede evitar? La voz de un actor siempre tiene el mismo timbre y, consecuentemente, se repite. Lo mismo pasa con un cantante o un pintor. Siempre hay cosas que vuelven, porque forman parte de la propia personalidad, del propio estilo. Si no entrasen en juego estas cosas, una personalidad seria tan compleja que se haría imposible identificarla.
No es mi intención repetirme, pero en mi obra debería haber, en efecto, referencias a lo que he hecho en el pasado. Digan lo que quieran, pero El proceso es el mejor filme que he hecho. Nos repetimos sólo cuando estamos cansados. Bueno, pues yo no estaba fatigado. Nunca he estado tan contento como cuando hice este filme.


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