miércoles, 25 de agosto de 2010

La vida del Buscón llamado Don Jeeter Lester

La picaresca, este género tan característico de la literatura española, encontró en Jeeter Lester a uno de sus personajes más notables. El de Maine dirigió, en 1941 una de sus grandes películas, que no obstante ha sido catalogada de "menor". Para mi asombro y el de muchos, que han visto toda la genialidad de Ford en Tobacco Road (traducido en España como La ruta del Tabaco, aunque creo preferible referirnos a ella con su nombre original, ya que es el nombre de un lugar de Augusta).

Estamos en unos parajes que recuerdan a los de Las uvas de la ira, rodada un año antes, responsable en gran medida de que Tobacco Road no haya sido lo suficientemente valorada (las comparaciones, dice el tópico, son odiosas). El guionista es común a ambas, Nunnally Johnson, aunque parten de fuentes distintas: la novela de Steinbeck y el teatro de Jack Kirkland (aunque basado igualmente en la novela homónima de Erskine Caldwel). Son, en realidad, las dos caras de una moneda. La extrema pobreza que, en Las uvas... obliga a una familia al exilio, en busca de mejores oportunidades. En Tobacco Road el drama es el mismo, pero las reacciones son distintas. Al matrimonio de Jeeter y Ada no le quedan ya hijos en el núcleo familiar, excepto uno medio tarado que pronto se "independizará", y una sobrina, casi un animal acechante, interpretado por una sensual Gene Tierney. Del resto de los hijos, apenas saben nada, y no son pocos: 15 ó 16, ni siquiera ellos lo recuerdan. Y su reacción no es la de acompañar a su prole en busca de un lugar mejor. Son como árboles estériles que continuarán enraizados a la tierra yerma que no les da ya nada que comer. Apenas sobrevivir, aunque sea a costa del robo, de la estafa, de la mentira, de la picaresca.


El tono usado por Ford es cómico, quizá otro de los motivos por los que esta película no fue debidamente entendida en su estreno, en un país que vivía con preocupación su inminente participación en la Segunda Guerra Mundial. Y en este panorama irrumpe un personaje como Jeeter Lester, irónico, pasota, prototipo de antihéroe americano... Sentiremos, no obstante, ternura por él, ternura por la desgraciada Ada, su esposa, que permanecerá a su lado a pesar de todo. Las escenas finales del film, toda una lección de cine, esconden un mensaje descorazonador. El tono se vuelve triste. La imagen de esas hojas arrastradas por el viento hacia ninguna parte son toda una metáfora. Los personajes, convertidos en sombras, bajo el peso del ancho cielo. Los halos de esperanza desaprovechados, qué horrible mensaje es el que Ford nos guardaba.


Considérenla indispensable.

1 comentario:

  1. Si la vi hace tiempo en algún ciclo televisivo, no me acuerdo; mientras leía la estimulante reseña, mi neurona de reserva se afanaba en el archivo porque el título original me suena mucho, pero resulta que es por la canción, versionada tantas veces en la época pop (del bueno); así que me apunto el dato, porque un Ford por de(o rede)scubrir siempre es un aliciente.

    Saludos.

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